¿Es mejor competir o colaborar?
Muchas veces en la vida, en nuestro afán de buscar el mejor resultado para nosotros mismos, preferimos competir que colaborar con las personas que nos rodean.
Como simple ejemplo, basta echar un vistazo al tráfico diario en nuestras calles a la hora punta.

Y es cierto que, en ocasiones, esto nos lleva a "ganar momentáneamente". ¡He conseguido adelantar a todos esos coches y pasar el primero...!, ¡qué listo soy...! Y nos vamos con una sensación de éxito, que nos llevará a intentar repetir la hazaña una y otra vez.
Sin embargo, nos damos cuenta de que pocas veces obtenemos el resultado deseado y que, en nuestro intento, llevamos a otras muchas personas a hacer lo mismo, provocando un atasco diario que nos perdudica a todos. ¡Qué caos...! En general y en promedio salimos perdiendo.
La conclusión es evidente: es mejor colaborar que competir.
Pero hay un problema cuando son muchas las personas y es difícil mantener un acuerdo: basta que alguien se pervierta un poco para que todo el sistema resulte contaminado.
Así es nuestro mundo: tenemos a mano la mejor solución de equilibrio, pero este equilibrio es inestable. Es como un huevo perfectamente colocado en la punta de un alfiler: la más mínima desviación hará que caiga y se rompa.

¿Es que estamos condenados a vivir con la peor de las soluciones?
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Otro ejemplo: el equilibrio de Nash.
Ver cómo nos lo cuentan en la película "Una mente maravillosa", en oposición a la visión de Adams Smith de que, en la competencia, la visión individual sirve al bien común.
Ver también Equilibrio de Nash y Pensamiento Sistémico, un artículo muy bueno de José Monzó.
Si hay un conjunto de estrategias con la propiedad de que ningún jugador puede beneficiarse cambiando su estrategia mientras que los otros jugadores no alteren la suya, entonces ese conjunto de estrategias y sus beneficios correspondientes constituyen un equilibrio.
Otro ejemplo es el dilema del prisionero, cuyo enunciado según Wikipedia es:
- La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos, y tras haberlos separado, los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato.
- Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado.
- Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre.
- Si ambos permanecen callados, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante seis meses por un cargo menor.
- Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años.
Lo que puede resumirse como:
| Tú lo niegas | Tú confiesas | |
|---|---|---|
| Él lo niega | Ambos son condenados a 6 meses. | Él es condenado a 10 años; tú sales libre. |
| Él confiesa | Él sale libre; tú eres condenado a 10 años. | Ambos son condenados a 6 años. |
En este caso, lo mejor es llegar a un acuerdo asegurando que ambos permanezcan callados y la condena será simplemente de 6 meses.
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¿Más ejemplos?
La vida está llena de ellos...



